¿Otro exrector al poder? La verdad sobre López-Chau
Ocupaba el puesto de rector de una prestigiosa universidad pública limeña, cargo que tuvo que abandonar para postular a la presidencia de la República, improvisando un partido político para la campaña. Sorpresivamente pasó a segunda vuelta, para enfrentarse contra el candidato claro de la ultraderecha y los EEUU. Los partidos de izquierda no dudaron en llamar a votar por el antiguo rector, que había prometido el fin del hambre y la corrupción. Así, logró ganar las elecciones, para solo unos meses después, encabezar una feroz dictadura corrupta y genocida al servicio de los grandes empresarios de siempre.
No, esta no es una profecía maliciosa sobre Alfonso López-Chau, es el relato verídico de lo ocurrido en las elecciones de 1990, cuando Alberto Fujimori, exrector de la Universidad Nacional Agraria La Molina, venció al escritor Mario Vargas Llosa, gracias a los votos de Patria Roja y demás despojos de Izquierda Unida. Algunos dirán que nadie podía saber que Fujimori se convertiría en el criminal que llegó a ser, sin embargo, ¿qué se podía esperar de un candidato que no cuestionó nunca la explotación capitalista ni la dictadura desfachatada de EEUU sobre el mundo? Si no plantea el fin del capitalismo ni del imperialismo, los trabajadores no deben esperar nada bueno de ese candidato, así de simple.
No, esta no es una profecía maliciosa, sino una sana advertencia sobre un candidato cuyo historial político es incluso peor que el de Fujimori antes de llegar al poder. Veamos. Se inició en la política con el APRA cuando Haya ya había abandonado su verbo antiimperialista. Luego pasó por Izquierda Unida y probablemente también votó por Fujimori. En 1995, su gesto contra la dictadura fue postular al Congreso con el partido del derechista Javier Pérez de Cuellar. En 2006 vuelve a coincidir con el APRA, recibiendo los votos de sus congresistas para su designación como director del Banco Central de Reserva, a propuesta de la misma Keiko Fujimori y otros parlamentarios (Ley 00631/2006-CR).
Su labor en el BCR, bajo la jefatura de Julio Velarde y el gobierno de Alan García, fue garantizar la estabilidad monetaria que tanto necesitan las grandes empresas para usufructuar trabajo ajeno sin problemas. De hecho, gracias al buen manejo del BRC es que Odebrecht y los Graña pudieron firmar sus millonarios contratos, mientras el salario real caía y el costo de vida subía, una verdadera “hiperinflación” que por décadas sufren solo los más pobres pero que la prensa burguesa silencia. Que ahora su principal propuesta sea usar las reservas internacionales no nos debe sorprender, siempre la burguesía ha usado parte de la plusvalía para hacer caridad, así lo pinte de “inversión productiva para el desarrollo”.
¿Qué deben esperar los trabajadores de un eventual gobierno de López-Chau e invitados? Quizá algo parecido a Humala o Castillo, que entraron por la izquierda y salieron de derecha. O quizá un gobierno como el de México, con mucha pose progresista pero siempre a los pies de EEUU. ¿Salario móvil siempre igual a la canasta básica? ¿Reducción de la jornada para crear empleo? ¿Nacionalización sin pago y bajo control obrero de Camisea y demás recursos estratégicos? ¿Expulsión del territorio nacional de las bases militares de Trump? ¿Desconocimiento del TLC-USA y la deuda externa? Nada que ver, su programa no llega siquiera al reformismo burgués de Velasco, ni siquiera al de Chávez. Su propuesta de cambio constitucional solo es cosmética y demagógica, en tanto que no va acompañada de ninguna medida económica radical.
Sin embargo, los dirigentes del proletariado vendidos al capital ya lo están apoyando, de hecho López-Chau lleva a un burócrata de la CGTP de vicepresidente. ¿Qué otro rol pueden jugar los estalinistas en el siglo XXI, que sostener la litera de un candidato burgués? La clase dominante los necesita para engañar mejor a sus bases, a cambio les ofrece cuotas sindicales, prebendas de ONG y hasta condecoraciones oficiales como la Orden del Sol que recibió el mismo Mario Huamán de manos del genocida Alan García. Los trabajadores no deben escuchar a estos falsos socialistas, deben seguir su instinto y votar viciado como protesta contra las mentiras que por décadas han tenido que soportar. ¡Solo los trabajadores pueden salvar a los trabajadores! ¡Obrero no vota patrón!
El verdadero cambio no vendrá colocando un papel en una urna capitalista, vendrá de la acción independiente de las masas explotadas, de su creatividad desenvuelta en la lucha callejera contra el hambre y la policía asesina. No solo necesitamos un nuevo gobierno, necesitamos un nuevo Estado de los trabajadores al servicio de los trabajadores. En momentos donde el Estado yanqui-sionista de Israel amplia su carnicería infantil en Medio Oriente, y Trump amenaza con tomar Cuba, ahora más que nunca los trabajadores necesitan comprender que este sistema económico mundial está podrido de raíz y debe ser reemplazado por otro sistema sin explotados ni explotadores.
Solo con un gobierno obrero y campesino, y con la revolución socialista mundial, será posible salvar al país y al planeta de todos los males que impone el capitalismo en su agonía imperialista.
¡Por un partido obrero revolucionario e internacionalista!
¡Por la refundación de la Cuarta Internacional!