¡Viva el día internacional del proletariado!

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Vladimir Lenin - portrait. Russian founder of the Soviet Communist Party, founder and leader of the USSR: 22 April 1870 – 21 January 1924. Depicted behind a banner proclaiming 'Nations of the World'. (Photo by Culture Club/Getty Images) *** Local Caption ***

Durante las últimas décadas, la burguesía se ha encargado de infundir la idea de que el único final posible para un Estado emanado de la revolución de los trabajadores contra sus opresores es el fracaso. Es evidente que, para la clase gobernante, no basta con reprimir cada cierto tiempo el impulso de masas hambrientas contra la explotación capitalista; necesita, además, emplear todos los medios posibles para desalentar, desviar, fragmentar y corromper esa lucha. Para esto emplea sus grandes recursos a disposición. La burguesía se ve, en cada momento, en la necesidad de atacar a quien sabe, es el único enemigo que ha demostrado la historia, que es capaz de acabar con su régimen de terror y explotación: la clase obrera.

Los trabajadores, que soportan todos los días las penurias que impone el capitalismo, sujetos a las fluctuaciones del mercado internacional del trabajo, adquieren conciencia propia de su situación. Todos los días padecen en los transportes abarrotados, en sus viviendas, si las tienen, carentes de comodidades, y en sus centros de trabajo con las peores condiciones precarias y extenuantes jornadas. Todos ellos al final del día van llegando a la misma conclusión: la vida se ha reducido a enriquecer a una clase parasitaria que disfruta de lo que ellos producen y lo que ellos mismos no pueden acceder. Esta es la realidad innegable de millones y millones de hombres y mujeres que ven su vida apagarse poco a poco.

Como si esto no fuera suficiente, vienen a arremeter a esta vida carenciada, los desastres naturales, las pandemias, las guerras, calamidades en las que millones de vidas más perecen de forma abrupta. El capitalismo es incapaz de garantizar el nivel de vida esclavo de su propio productor de riqueza: la clase obrera.

Pero ante esa situación, el trabajador se ve aislado, sufre en silencio su condena, observa a sus hijos con el miedo de un futuro incierto en medio de catástrofes económicas cada vez más constantes. Inundado del entretenimiento hostil a su modo de vida, no atina a encontrar explicación a su miseria. No faltan los políticos burgueses que prometen en cada elección cambiar sus destinos. Pero ¿cómo es posible esto si desde Estados Unidos se bombardea a otras naciones? El Estado burgués que guarda la promesa de protegerle solo sirve para que otros pocos funcionarios acumulen riqueza o entreguen los recursos de su país a una transnacional. Pronto ve la necesidad de no quedarse callado y aparece en medio de la calle junto a otros como él.

Esta historia tan recurrente es la misma de muchos millones más que fueron explotados y que en su momento salieron a combatir a todo el sistema que los oprimía. Esta confrontación histórica entre el capital y el trabajo ha provocado grandes sacrificios de las mayorías proletarizadas. Pero ha tenido como resultado importantes conquistas para la clase obrera mundial. Cada victoria ha quedado impregnada como huella inexorable en la genética del proletariado. La experiencia histórica terminó demostrando la inevitabilidad de la superación del capitalismo en manos de los mayores excluidos de la riqueza. Cuando las masas proletarias tomaron en sus manos e impusieron su dictadura fundando el primer Estado Obrero de la historia, quedó demostrado que la humanidad no necesita de los ricos para dirigir sus destinos. Esta demostración de la capacidad de organización del proletariado se sostuvo por décadas de campañas históricas que los revolucionarios rusos supieron aprovechar y encarnar.

Sin embargo, la burguesía volvió a usar todos sus recursos y métodos para desorganizar el poder proletario y así, una casta burocrática al servicio de la clase enemiga logró concentrar el poder y desde adentro planear la contrarrevolución. Los viejos cuadros bolcheviques fueron separados uno a uno de sus puestos. Con cada derrota de la lucha de clases internacional se fortalecía el poder burocrático hasta terminar entregando todas las conquistas de la revolución de Octubre. Así el legado de Marx y Lenin encontró a sus enemigos en la burocracia del joven Estado Obrero, pero sobre las tradiciones revolucionarias se fundó la Oposición y luego la Cuarta Internacional como defensor de la lucha por el socialismo mundial. Como señalaba Trotsky: “La gran fuerza histórica de la oposición, pese a toda su aparente debilidad externa y momentánea, está en saber pulsar el proceso histórico universal, en no perder de vista la dinámica de las fuerzas de clase, en saber prever y preparar conscientemente el día de mañana“.

En la actualidad, ante las nuevas guerras y lucha de clases reaparecen organizaciones impregnados de retórica estalinista, como la Internacional Progresista o el Foro Internacional Soviético (SOVINTERN), bajo el lema “Por un nuevo socialismo del Siglo XXI”. Sin embargo, no hacen más que usar aquella gastada frase del chavismo y el castrismo que emplearon para capitular al viejo estalinismo, sepulturero del primer Estado Obrero de la historia mientras sostienen a una supuesta burguesía “progresista” al que Lenin y Trotsky combatieron para establecer la dictadura del proletariado.

Esta es la historia que la burguesía y el reformismo nos quieren hacer olvidar. Tomemos las calles nuevamente y rescatemos las viejas tradiciones del Primero de Mayo poniendo en guardia a los trabajadores de todos los países frente a sus enemigos mortales de clase y expulsemos a los traidores que buscan de cualquier manera subordinar nuestra lucha al Estado burgués para sostener una vez más la agonía del capitalismo.

¡Peleemos bajo las banderas de Marx, Lenin y Trotsky!

¡Por un Primero de Mayo Internacionalista y la destrucción del capitalismo!

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