Esta democracia ya no es democracia
¿Si la mayoría del país decidiera en una elección la esterilización forzada de miles de mujeres de bajos recursos, deberíamos aceptar y hacerles aceptar este destino porque “la mayoría manda” ?, ¿y si esta misma mayoría votara a favor del exterminio de niños, adultos y ancianos de una comunidad campesina, también deberíamos aprobarlo porque “así funciona la democracia”? ¡Por supuesto que no!
Y es que la democracia no es un principio absoluto, abstracto, independiente de las condiciones sociales. Cuando una población comparte un interés económico común, cuando sus diferencias internas no se han transformado en contradicciones irreconciliables, entonces, allí la democracia puede funcionar. Pero cuando esta población se encuentra fracturada en clases sociales, con una élite que explota sin piedad las fuerzas de millones de obreros y campesinos hundidos en la miseria, e intenta justificar esta absurda desigualdad con su “raza”, lengua o abolengo, allí no puede haber democracia.
Así como sería estúpido incluir a los propios delincuentes en una votación sobre el fin de la delincuencia, así de tonto es que el obrero y su patrón, el esclavo asalariado y su amo burgués decidan juntos el fin o no del capitalismo. Jamás la burguesía de ningún país en ningún momento de la historia ha votado a favor del socialismo. Por el contrario, siempre ha buscado mantener sus privilegios ya sea con el engaño fabricado por sus partidos, medios e intelectuales, o con la fuerza de sus policías, militares y paramilitares.
La burguesía jamás votará en contra de sí misma; por el contrario, los obreros y campesinos han votado casi siempre en contra de sus propios intereses, y esto explica por qué vemos por décadas cambios de gobierno y de discurso, pero ningún cambio esencial en la economía o el Estado. Así, las elecciones gubernamentales bajo este podrido sistema no son más que una farsa, donde siempre ganan los capitalistas y pierden las grandes mayorías explotadas.
Y esto que es una verdad general para ambos hemisferios del planeta, es más crudamente cierto en Perú, donde ha ganado la elección presidencial Keiko Fujimori, la hija de uno de los dictadores más corruptos y genocidas del mundo, siendo ella misma responsable de nuevas masacres perpetradas a través de gobiernos títeres manejados por ella desde el Congreso, y todo bajo el marco legal de la misma Constitución ilegítima impuesta por la dictadura de su padre.
“Esta democracia ya no es democracia”, cantan los pueblos oprimidos del sur, y tienen toda la razón. Todo esto es un fraude al que se han prestado, por supuesto, los llamados partidos de “oposición”, incluyendo a Juntos por el Perú, que estúpidamente cantó victoria antes de tiempo. Castillo, Sánchez, Antauro, solo son parte de este gran fraude democrático impuesto por la burguesía, que podría conceder cambiar algo, siempre y cuando no se cambie nada. Sin embargo, hoy no les toca estar al frente, porque hoy la burguesía ha decidido gobernar con la carta del terror.
Los explotados del sur y de todo el país no tienen por qué, entonces, agachar la cabeza a una élite que los desprecia, exprime y masacra cuando quiere. Aquí solo queda preparar y reorganizar las fuerzas, desarrollando organismos de lucha independientes de la burocracia sindical y los partidos electoreros, para traer abajo a este y todos los gobiernos que la burguesía nos imponga. No se trata de marchar a favor de ese oportunista sionista de Sánchez, sino de actuar de forma independiente de toda fracción burguesa, hasta conquistar un verdadero gobierno obrero y campesino.
Los obreros trotskistas del NRCI nos mantendremos, así, firmes en nuestros principios socialistas e internacionalistas, no cediendo ni al terror del fascismo ni a los cantos de sirena de la democracia pequeñoburguesa. A la dictadura proyanqui de la CONFIEP, le oponemos la democracia obrera, es decir, la dictadura revolucionaria del proletariado, la única que puede desarmar y expropiar con éxito a la narcoburguesía que actualmente detenta el poder.
En esta lucha histórica, por supuesto, que no estamos solos; contamos con la mayoría explotada del planeta que hoy es exterminada en Palestina pero que está combatiendo heroicamente en Bolivia, contra un gobierno hambreador lacayo del genocida Trump. Nuestro camino no es el socialismo en un solo país, no buscamos repetir el pasado estalinista manchado de fracaso y traición, nuestro destino es la inevitable victoria de la revolución socialista mundial.
¡ABAJO LA DICTADURA PROYANQUI DE LA CONFIEP!
¡HAY QUE LUCHAR COMO LOS OBREROS Y CAMPESINOS DE BOLIVIA!
¡HAY QUE REFUNDAR LA CUARTA INTERNACIONAL!