¡Que el proletariado iraní tome en sus manos la lucha contra el imperialismo!

Iranian_Revolution

Hace más de dos meses que inició la agresión imperialista estadounidense contra Irán. El propósito de esta aventura militar no es otro más que reducir a la nada la resistencia proletaria árabe en Medio Oriente, tras haber ensangrentado la Franja de Gaza y con la intención de recuperar los beneficios que perdió el imperialismo occidental con la caída del régimen del Sha. Sin embargo, estas tareas que en un principio fueron realizadas de la mano de las burguesías locales, ahora se enfrentan a la intervención directa del jefe mundial del capital financiero.

La prensa internacional y los reformistas de todo pelaje tratan de encontrar quien dice la verdad sobre el equilibrio de fuerzas en esta guerra de agresión: si Trump o el régimen de los Ayatolás. Este modo de ver el conflicto encubre las contradicciones de clase al interior de cada nación. Sabemos que, si Estados Unidos se impone, provocará el fortalecimiento y el avance de las fuerzas reaccionarias en la región. Por otro lado, si Irán logra neutralizar el ataque, la resistencia tendrá un carácter progresista; sin embargo, esto de ninguna manera agota la cuestión, solo la plantea. En este último escenario, lo que el reformismo internacional encubre es la conciliación con un régimen enriquecido por el comercio de hidrocarburos, podrido y sostenido en la sobreexplotación, hambre y represión de sus trabajadores.

Ante el ataque estadounidense e israelí, el régimen de Irán se vio obligado, pese a su propia voluntad, a responder. Este tipo de bombardeos sobre objetivos estratégicos solo ha provocado que Irán reaccione en la misma medida contra posiciones estadounidense en la región, pero ambos bandos son cuidadosos para no despertar en el terreno la movilización armada del proletariado. De hecho, una consecuencia inevitable del conflicto ha sido la paralización y represión del movimiento de masas que se gestaba en Teherán y otras regiones abiertamente crítico al régimen que lo oprime.

Ambos discursos sobre de qué lado está la victoria le sirven a cada bando a su modo. Trump lo utiliza para sostener el movimiento MAGA y el apoyo republicano que puede resquebrajarse; mientras que al régimen de Mojtaba Jameneí le es útil para lograr el apoyo internacional e intensificar la represión contra los trabajadores, quienes enfrentan la escasez, los despidos masivos y el hambre creciente durante la guerra. Sin duda la burguesía ha aprendido que la derrota militar cede su lugar a la revolución.

Los marxistas planteamos el problema fundamental de esta agresión hacia un pueblo subyugado por el capital como parte de la lucha de los pueblos contra el imperialismo, no con el propósito de establecer un “Estado nacional libre”, sino como inicio de un proceso revolucionario que desencadene la lucha por el socialismo internacional. Esta consideración elemental implica poner énfasis en el papel que cumple el proletariado iraní y el de los países que oprimen la nación.

Por el momento, las disputas por el Estrecho de Ormuz solo demuestran la importancia del factor económico detrás de todo armamento y técnica militar. El dominio inicial de Irán sobre el estrecho que impidió el paso regular de petroleros produjo un encarecimiento general de los precios del crudo, pero también el aumento de ganancias de la guardia iraní por el cobro de peajes, así como de un puñado de aseguradoras estadounidense como Chubb, socio principal del Plan de reaseguramiento Marítimo de EE. UU. y quien pagara las fianzas de Trump por las denuncias de violación que enfrentó en 2024.

Por su parte, las potencias europeas decidieron no involucrare directamente en la guerra, a pesar de las exigencias de Trump, pero no por un deseo de pacificación mundial. Basta recordar su apoyo decidido a la ofensiva de la OTAN encabezado por el Euromaidán fascista, también al genocidio palestino, sin olvidar la designación unánime de llamar terroristas a la Guardia de los Ayatolás pretendiendo luchar por la “liberación” del pueblo pobre iraní. Sin embargo, ahora que caen las bombas sobre escuelas y población civil usan la careta de neutralidad.

Simplemente se han negado a intervenir directamente porque sus grandes corporaciones de combustibles, gas y armamento han sacado jugosas ganancias del conflicto, sin embargo, algunas empresas de acero, transportes, construcción y manufactura susceptibles al aumento del precio de combustibles han tenido cuantiosas pérdidas. Esta “neutralidad” responde, por tanto, al cálculo de sus principales transnacionales, aunque, esta fachada diplomática puede romperse en la medida que avance la recesión a un punto crítico.

En un escenario de retirada estadounidense o fin del conflicto sin el cumplimiento de las condiciones exigidas por Washington, provocará el fortalecimiento de un régimen de los Ayatolás en descomposición que culminará con el sometimiento de los sectores explotados del país. Esto será posible gracias a que han tenido como cómplices a dirigentes reformistas que no han hecho nada por traer abajo este régimen, por el contrario, han contribuido a sostenerlo durante décadas. Evidentemente estamos en la trinchera militar de la nación oprimida, pero manteniendo la más absoluta independencia política de clase.

La cuestión esencial radica en que mientras exista el imperialismo, la burguesía y sus lacayos siempre habrá nuevas guerras, siempre habrá nuevos mercados que reconquistar y territorios que arrebatarse. Solo el control de los grandes yacimientos petroleros y energéticos en manos de los trabajadores podrá proteger la región acechada por unas docenas de parásitos capitalistas que buscan seguir enriqueciéndose. Con la dictadura del proletariado es que puede haber un acuerdo racional para la distribución de los recursos a nivel mundial para beneficio de todas las industrias y el bienestar de la humanidad. Con una lucha organizada de la clase obrera en todo Medio Oriente que conquiste el poder podrá ponerse fin al saqueo regional estadounidense mediante la desaparición del Estado de ocupación sionista.  Esto solo será posible con la movilización armada de la clase explotada bajo las banderas del marxismo revolucionario refundando su partido mundial: La Cuarta Internacional.

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