¡Por una verdadera asamblea constituyente!

La demanda por una Asamblea Constituyente que entierre la Constitución golpista del 93 y establezca principios y leyes en interés de la nación trabajadora es una reivindicación democrática que ningún demócrata honesto puede desconocer. Sin embargo, en manos de los reformistas esta consigna justa puede convertirse en una trampa contra los trabajadores.

La Asamblea Constituyente es una institución de poder político propia de las revoluciones burguesas de siglos pasados. Cuando en 1789 la revolución francesa la puso en pie en contra de los señores feudales jugó un innegable rol progresivo para la historia de la humanidad. No obstante, se trató en esencia de una Asamblea burguesa que le dio muy poco al campesino y nada al proletario. Y esto fue así porque aún no había llegado el momento de que los obreros conquisten el poder.

El poder obrero no se instaura a través de una Asamblea Constituyente (un ciudadano, un voto), sino a través de la democracia directa de las comunas, soviets u otros organismos de lucha de los explotados contra los explotadores. Por lo tanto, los socialistas internacionalistas deben centrarse en alentar y colaborar con la formación de estos organismos, que casi siempre se diferencian y hasta oponen a los sindicatos secuestrados por pandillas burocráticas, cuya consigna máxima es justamente la Constituyente. Así sucedió en Rusia en 1917, cuando los soviets obreros tomaron el poder con apoyo del campesinado pobre y bajo el liderazgo del partido bolchevique de Lenin y Trotsky.

Pero si esto es así, ¿por qué entonces incluimos también la consigna de Asamblea Constituyente en nuestra agitación cotidiana? La razón es que en países atrasados como los de América Latina, donde la burguesía jamás hizo ninguna revolución antifeudal como la francesa o inglesa, las consignas democrático-burguesas aún guardan un valor político; no estratégico sino táctico. Los campesinos pobres e incluso los obreros agrícolas pueden sentirse representados en una Asamblea Constituyente y para ganarlos a la lucha revolucionaria debemos tener en cuenta cada una de sus demandas por más mínimas que sean.

Lo cierto es que la burguesía está tan podrida en todo el mundo, que hasta esta consigna democrática que debería hacer suya, le causa terror. Y es que el imperialismo, como fase actual del capitalismo en agonía, es reacción en toda la línea, es decir, tiende a la dictadura militar, la invasión colonial y la destrucción de toda conquista democrática. Por lo tanto, así como sucedió en Rusia de 1917, esta consigna puede servir para impulsar la lucha revolucionaria y sellar la alianza obrero-campesina, aunque una vez conquistada la dictadura del proletariado, su existencia se vuelva superflua, como quedó demostrado en 1918, cuando fue disuelta por los obreros en el poder el mismo día de su inauguración.

Debe considerarse que teóricamente no se puede descartar que, asumiendo un salto de consciencia y organización del proletariado, la consigna de Asamblea Constituyente pierda importancia incluso antes de la toma del poder; en otras circunstancias, podría considerarse su vigencia, incluso mucho después. Y es que al ser una consigna táctica, debe amoldarse al análisis concreto de cada situación concreta. Lo que sí nunca podemos hacer es pedirle a la burguesía que la convoque, porque así convertimos esta consigna de revolucionaria en contrarrevolucionaria, como sucedió en Perú en 1978, cuando la convocó ¡la mismísima dictadura militar de Morales Bermúdez!

Por el contrario, sin abandonar su vigencia táctica, debemos denunciar toda la farsa montada por estalinistas y castrochavistas alrededor de las constituciones bolivarianas de Venezuela, Bolivia, Ecuador, etc. verdaderos fraudes contra la lucha revolucionaria del proletariado. Ya vimos también como quisieron repetir la trampa en Chile y el tiro les salió para atrás. Y es que la clave para que esta y otras consignas democráticas sean progresivas, es que se las vincule con la toma revolucionaria del poder, es decir, hay que decirle a las masas que solo con la revolución socialista se podrá conquistar una verdadera Asamblea Constituyente que le de la tierra al campesino y crédito al artesano. Cualquier otra orientación solo puede servir hoy a la reacción.

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