¡Abajo el lucro capitalista con la salud!
Semanas atrás se supo que trece grandes farmacéuticas que operan en Perú (Braun, Portugal, Medifarma, etc.), habían concertado para venderle al Estado medicamentos esenciales a precios altísimos, incluso durante la pandemia de covid-19. Es decir, en momentos que la salud pública se cae a pedazos por falta de presupuesto, parte de este se destinaba para pagar por ejemplo el suero mortífero de Medifarma, que hasta hoy sigue operando impune. Y es que así funciona la salud bajo el capitalismo.
De hecho, esto no se restringe a Perú, en todos los países atrasados del mundo, incluso en las metrópolis, las grandes farmacéuticas obtienen millonarias ganancias a costa de la vida y la muerte de millones de trabajadores, muchos de ellos por enfermedades curables o tratables que no pueden costear. ¿De qué sirve entonces tanto avance científico, tantas patentes, revisiones sistemáticas y premiaciones si la mayoría de la humanidad no tiene acceso a un servicio de salud de calidad?
Que la salud pública en países como Venezuela, Bolivia, o incluso la misma Cuba, sea igual o incluso peor que en Perú, no contradice en lo más mínimo nuestra crítica al capitalismo, ya que en Venezuela y Bolivia jamás se expropió a la burguesía y se avanzó al socialismo, y Cuba, hace rato que dejó de ser un Estado obrero burocratizado para convertirse en un país capitalista gobernado por un partido estalinista, como también es el caso de China.
Los que intentan tapar estas verdades elementales solo pueden ser los agentes políticos o intelectuales de las transnacionales farmacéuticas, comprados con una partecita de las súperganancias obtenidas de la explotación del trabajador y de los usuarios. Los reformistas, por su parte, intentan hacernos creer que con más impuestos y fiscalización se puede mejorar la situación, cuando ya han demostrado justamente en los países mencionados, toda la miseria de su política gradualista.
No se puede tapar el sol con un dedo, el capitalismo en su actual fase imperialista de decadencia, solo nos puede ofrecer más guerras, más contaminación y más pandemias que las que sufrimos hoy. La verdadera revolución socialista ya mostró sus frutos y logros también en este campo, conquistando la salud pública y la mejora radical de las condiciones de vida de la población trabajadora. Este es el único camino que tenemos por delante para poner fin de una vez por todas al inhumano lucro con la salud.