¡Por la caída revolucionaria del régimen iraní sirviente de las potencias mundiales!

Irán es un país semicolonial que ha sido llevado a la quiebra total. Las sanciones impuestas durante décadas por el imperialismo norteamericano es la expresión de las atrocidades a las que está dispuesta la clase dominante mundial para extorsionar a un país de más de 90 millones de personas que dependen básicamente de las exportaciones de petróleo y gas natural.

El Sha Pahleví de Irán, fiel sirviente de EE. UU., fue derrocado por la revolución iraní en 1979, sin embargo, este levantamiento estuvo condicionado en el exterior por el proceso de la restauración capitalista de la URSS y de la República Popular China. Como resultado se estableció una república islámica bajo el gobierno teocrático del Ayatolá Ali Jamenei.

Las medidas que se le impusieron a Irán a partir de la década de los 80 del siglo pasado forzaron el comercio entre el gobierno de los Ayatolás y países de Europa y Asia. Con algunos levantamientos limitados de estas sanciones Irán siguió abasteciendo a las potencias mundiales con sus hidrocarburos. Sin embargo, las constantes restricciones de EE. UU. han llevado al gobierno iraní a comerciar sus recursos a través del establecimiento de varias redes comerciales en el mercado negro y el fortalecimiento de estructuras militares para garantizar este negocio.

Luego de la imposición y el endurecimiento de diversas sanciones por parte de los distintos gobiernos de la potencia norteamericana y la propia ONU desde la primera década del siglo XXI, en 2015 Irán negoció con Estado Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania el levantamiento parcial de algunas restricciones, a cambio de aceptar algunas limitaciones sobre sus actividades nucleares. En 2018, Trump, luego de aceptar los tratados previos durante un tiempo, volvió a recrudecer las sanciones contra Irán abandonando unilateralmente los acuerdos tomados sobre su programa nuclear.

Esto no ha impedido que la burguesía iraní busque hacer negocios con los recursos del país, llamando a las transnacionales Shell y Repsol para que saqueen South Pars, uno de los yacimientos de gas más ricos del mundo. Además, durante las décadas de sanciones los principales negocios petroleros han sido dirigidos por una casta parasitaria de nuevos ricos que no tienen la menor vergüenza de exhibir sus viajes a Europa en las redes sociales mientras la mayoría de la población sobrevive con una moneda devaluada, salarios de hambre y sin acceso a servicios básicos.

Y es que si para algo han servido las sanciones es para enriquecer cada vez más a la guardia revolucionaria iraní, y sectores vinculados al mantenimiento de la cúpula militar. Tanto es así que incluso en medio de la pandemia, el gobierno dio apoyos a las familias que luego fueron descontados de sus propios salarios mes a mes. Todo esto mientras sostenía económica y militarmente a los partidos burgueses de Hamás y Hezbolá, ahora debilitados por la ofensiva de Israel en la región.

De esta manera el régimen iraní está cada vez más aislado, con mayores restricciones y soportando los bombardeos de junio del año pasado de EE. UU. que buscan a toda costa extraer los hidrocarburos con sus propias manos.

El régimen no tiene más remedio que endurecerse y ensangrentar los levantamientos que se han venido sucediendo. Aunque la misma población reconoce el papel que ha jugado EE. UU. para llevar a la quiebra a su país, también saben que la guardia revolucionaria persigue cualquier intento de oposición de los trabajadores y millones de explotados que denuncian la completa miseria en la que viven como en las protestas del 2018-2019, y las masivas movilizaciones en 2022 tras la muerte de Masha por no llevar el velo.

La situación ya no se soporta más. La caída del precio del petróleo, la inflación que llega prácticamente al 50 %, el desplome de la moneda a niveles estrepitosos, la carencia de agua y electricidad, el pago de rentas que doblan el ingreso familiar, la disminución del PBI per cápita a 2.4 veces menos que hace 15 años, son las condiciones que han llevado a las últimas manifestaciones que han dejado miles de muertos y otros miles encarcelados sentenciados a muerte.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní ha declarado que están abiertos a negociar con EE. UU. bajo la desesperación de no perder las prebendas que la burguesía islámica obtiene de los negocios petroleros. Esto solo muestra el nivel de podredumbre a la que ha llegado el régimen embellecido durante años por falsos socialistas que lo vendían al resto del mundo como un gobierno antiimperialista.

Al proletariado iraní no le queda más camino que organizarse para traer abajo el régimen burgués de los Ayatolás para poder comer. Como ha demostrado toda la historia de la lucha de clases y la reciente, es imposible vencer el militarismo extranjero en una resistencia pasiva de un grupo militar. Para esto es necesario la participación de la clase obrera, y que esta se encuentre dispuesta a luchar por un cambio revolucionario, con esta conciencia es que el proletariado iraní puede repeler cualquier acción intervencionista en su país.

La enorme presión del imperialismo hace necesario que los trabajadores pasen directamente a administrar los recursos petroleros y el gas de las empresas estatales iraníes. Estas organizaciones deben vincularse al movimiento de masas que ha irrumpido en las calles y luchan por traer abajo al gobierno de turno. Frente a la masacre de la guardia islámica deben formarse verdaderos comités de autodefensa armados para parar las muertes.

El derrocamiento revolucionario del régimen de los Ayatolás sirviente de las potencias mundiales demostrará nuevamente a EE. UU. como en 1979 que el proletariado de Oriente Medio está dispuesto a grandes sacrificios por defender sus recursos y dejar de ser una colonia primario-exportadora. Para esto es indispensable que la clase obrera mundial y la de Estado Unidos sobre todo esté dispuesta también a derrocar al gánster que tiene ahora en la Casa Blanca lanzando bombas por todo el planeta. ¡Que vuelva la revolución obrera árabe! ¡Por la destrucción del Estado yanqui-sionista de Israel! ¡Abajo el gobierno proyanqui y sionista Sirio!

Ante las próximas convulsiones, el movimiento de masas en Irán ha demostrado que el proletariado puede pasar a la ofensiva, solo necesita organizarse y vencer a los traidores en sus propias filas que lo llevan a confiar cada cierto tiempo en alguna pseudoburguesía progresista. La revolución y la dictadura proletaria es la única capaz de liberar a los pueblos coloniales del dominio imperialista como parte del triunfo del socialismo internacional. Los revolucionarios no nos cansaremos en destacar la necesidad de refundar nuestro partido mundial, la Cuarta Internacional, solo retomando estas tradiciones de lucha la clase obrera mundial podrá sepultar de una vez por todas al 1% de parásitos que viven gracias a nuestra sangre.

¡UNA SOLA LUCHA EN IRÁN, PALESTINA Y MEDIO ORIENTE CONTRA EL IMPERIALISMO Y EL CAPITALISMO!

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