¡Abajo la ofensiva yanqui sobre Cuba!

El imperialismo yanqui ha lanzado una ofensiva contra Cuba apoyado en su flamante colonia venezolana pero también en gobiernos semicoloniales como los de México y Colombia. En realidad, todos los gobiernos de América Latina están a los pies de Trump y son cómplices activos o pasivos del genocidio que está imponiendo sobre las masas cubanas al quitarles el acceso total a la energía, arma de guerra que el Estado yanqui-sionista de Israel ha venido usando por décadas contra el pueblo palestino.

Y es que el imperialismo es reacción en toda la línea, y le termina quitando la máscara “progresista” a gobiernos impostores como los bolivarianos, que han terminado rendidos sin presentar siquiera batalla. Y esto mismo se aplica a la misma Cuba castrista, que desde los ochenta ha avanzado en la restauración del capitalismo y la progresiva introducción de capitales imperialistas sobre todo de Europa y Canadá. Sin embargo, como ya hemos denunciando antes, una fracción de empresarios de EEUU ha venido impulsando también el fin del bloqueo para poder negociar su ingreso de la mano del gobierno castrista. En realidad esta posibilidad no está descartada hoy, ya que se ha impuesto en Venezuela, donde las transnacionales yanquis reingresarán de la mano del gobierno bolivariano.

Lo que debe entender la vanguardia obrera es que Cuba nunca fue verdaderamente socialista, y ha dejado de ser un Estado obrero burocrático, pasando a ser un Estado burgués desde el instante en que su objetivo no es el desarrollo del socialismo, sino el lucro del capital extranjero presente en la isla. De hecho las enormes protestas del hambre del 2021, apuntaban directamente contra los hoteles transnacionales que se expanden y enriquecen mientras los proletarios de Cuba sufren la falta de insumos básicos. Hoy la situación es más crítica aún a causa no solo del bloqueo, sino de la descomposición de un régimen restauracionista que ya no da para más. Y es que la única forma de salvar la revolución cubana es extendiéndola a toda América Latina y los EEUU, cuestión que la dirigencia estalinista jamás quiso como lo demostró en Nicaragua en los 80 y año tras año en cada levantamiento y revolución que muchas veces la misma Cuba inspiró.

Así, el fracaso de Cuba no es el fracaso del socialismo o el comunismo, sino del estalinismo y de la incipiente restauración del capitalismo, que para una pequeña isla termina siendo mucho más devastador. De lo contrario cómo explicamos que un país capitalista como Haití esté peor incluso que Cuba, destruido por epidemias, hambre y la violencia de pandillas lumpenburguesas fuera de control.  O simplemente veamos la realidad de América Latina, del que migran millones hacia EEUU, Europa y Japón buscando un futuro mejor, lejos de la miseria y violencia que impone el capitalismo en su fase de agonía. Así, no debemos hacerle el juego a la propaganda castrochavista que nos llama a defender el socialismo en Cuba, aquí la única salida es el derrocamiento revolucionario de la casta podrida castrista que se ha vendido al capital hace ya tiempo atrás.

Evidentemente, si EEUU invade Cuba, estaremos tácticamente de lado del frente militar cubano, pero sin darle el más mínimo apoyo político y buscando siempre la mayor independencia de la clase obrera para que pueda abrirse camino hacia su propio poder. Esta lucha no puede ser aislada, debe extenderse a todo el continente, sobre todo al corazón mismo de la bestia imperialista, donde los obreros latinos también están luchando por su derecho a residir y trabajar para comer. No hay otro camino, el fin del bloqueo no se conquistará con ruegos a los gobiernos burgueses, sino trayéndolos abajo; el petróleo no llegará por acuerdos en las alturas, sino llamando a los obreros a tomar los pozos directamente para garantizar el suministro a Cuba. Estos son los métodos de lucha de la clase obrera, todo lo demás son los métodos de la contrarrevolución vestida de progresismo.

Sin embargo, no podemos descartar que todo acabe en una negociación entre Trump y la dictadura burguesa castrista, que pueda incluso poner fin al bloqueo, lo que no traerá una verdadera mejora a las masas, sino convertirá a Cuba en reservorio de mano de obra educada y barata para las transnacionales, y un destino para el turismo sexual burgués como lo fue con Batista antes de la revolución de 1959.

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