¿Representa Pedro Castillo a los trabajadores?

Pedro Castillo, el expresidente del Perú vacado y encarcelado, está siendo juzgado bajo la acusación de ordenar un golpe de Estado. La mafia fujimorista y su prensa mercenaria está apoyando esta acusación y, por supuesto, también el Gobierno de Dina, la Asesina, con el respaldo político de la oficialidad genocida de las FFAA. Sin embargo, ¿basta esto para considerar a Pedro Castillo un héroe de las clases trabajadoras?

Más allá de que reconocidos periodistas antifujimoristas como César Hildebrandt y otros, afirmen que existen pruebas suficientes de actos de corrupción en el Gobierno de Castillo, lo cierto es que no se necesita ninguna investigación policial para demostrar que Pedro Castillo jamás gobernó para las masas pobres y explotadas del país, sino al servicio de los intereses de la clase dominante.

No debemos olvidar que Castillo se inició políticamente en las filas del partido burgués proimperialista de Alejandro Toledo, hoy en prisión por corrupción. Luego encabezaría a una fracción de maestros del SUTEP durante la gran huelga del 2017, que terminó no obstante con un pacto miserable con la bancada fujimorista. Y en el 2021, postularía a la Presidencia de la República con Perú Libre, el partido burgués de frente popular de Vladimir Cerrón, hoy socio político descarado de la mafia fujimorista y del Gobierno de Dina. Castillo no ganó, entonces, ni como rondero ni como sindicalista, sino como invitado de un partido de grandes empresarios de provincia.

Así, con todos estos antecedentes no debe sorprender que ni bien empezado su gobierno, Castillo se haya puesto abiertamente a los pies de la CONFIEP y de la embajada de los EEUU. Habló de reforma de agraria, pero no le tocó ni un pelo a los nuevos y viejos latifundistas, sobre todo a las grandes mineras y petroleras que siguieron impunes contaminando mares y ríos, llegando incluso a mandar a la Marina de Guerra para aplastar la protesta de los indígenas kukamas de Loreto.

Tampoco criticó siquiera tratados lesivos a la soberanía nacional como el TLC-USA o el TLC con China que quebró pequeños negocios en Gamarra, por el contrario, viajó hasta Washington para asegurar las inversiones imperialistas en Perú, repitiendo la famosa frase colonialista “América para los americanos (EEUU)”. En consecuencia, Castillo y su premier Bellido autorizaron el ingreso de tropas yanquis al país, como lo hicieron en su momento Verónika Mendoza desde el Congreso y Dina Balearte desde la Presidencia.

Igualmente, no decretó, aunque sea, un impuesto a las sobreganancias y grandes fortunas, como las de Carlos Rodríguez-Pastor de INTERCORP, por el contrario, redujo impuestos a las grandes empresas turísticas sorprendiendo a su propio ministro neoliberal. Además, más allá de algunas normas laborales ganadas por las luchas obreras, bajo su gobierno se mantuvo el régimen de trabajo heredado de la dictadura de Fujimori, llegando a decretar incluso el Estado de Sitio el mismo día de su golpe del 92, ante el temor de un desborde de los hambrientos de Lima.

Seguro alguien dirá, ¿pero si era tan de derecha por qué lo vacaron entonces? La respuesta es muy sencilla: la mafia fujimorista intentó vacar y finalmente obligó a PPK a renunciar para vacar dos años después a Vizcarra, y ni el ciudadano estadounidense PPK ni el empresario corrupto Vizcarra se enfrentaron ni a la CONFIEP ni a la embajada norteamericana. Lo que sucede es que bajo el régimen seudodemocrático conocido como “presidencialismo”, las disputas entre las mafias políticas se resuelvan así, por fuera de las elecciones, con vacancias presidenciales, cierres parlamentarios e intentonas golpistas.

Por lo tanto, debemos luchar por la liberación de los combatientes del Baguazo y demás levantamientos revolucionarios, por el desprocesamiento de dirigentes obreros perseguidos, pero no por un pequeñoburgués ladrón al servicio de la burguesía como Pedro Castillo. Y aunque es cierto que cuenta todavía con la simpatía de millones de mestizos e indígenas discriminados como él por su forma de hablar y de vestir, debe ser la clase obrera urbana la encargada de encabezar la lucha emancipadora contra el racismo y la opresión nacional, cuestiones que solo se podrán resolver bajo su dictadura revolucionaria y una economía en transición al socialismo mundial.

¡POR UN PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO!

¡POR LA REFUNDACIÓN DE LA CUARTA INTERNACIONAL!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *