La oposición a los pies del fujimorismo

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Solo han pasado 100 días del gobierno de Keiko Fujimori y su oposición parlamentaria ya se puso a sus pies. Y no nos referimos al solo hecho de reconocerle la majestad de su espuria presidencia, sino de respaldarla abiertamente salvando a sus ministros y otorgándole facultades legislativas.

Los primeros en quitarse la máscara fueron los congresistas del empresario Ricardo Belmont y del renegado Jorge Nieto Montesinos, que no tuvieron ninguna vergüenza en mostrar su subordinación al fuji-montesinismo. Luego siguieron los parlamentarios de Ahora Nación que, salvo algunas excepciones, apoyaron al Ministro del Interior César Astudillo, según dicen a cambio de obtener votos para su candidato al BCR. No debemos olvidar que el mismo López Chau fue elegido el 2006 como director de esta institución burguesa con votos de apristas y de la mismísima Keiko Fujimori, que por ese entonces fungía de congresista.

Por último, está la bancada opositora de Juntos por el Perú, del excandidato Roberto Sánchez. Sobre su paso como congresista y ministro ya hemos escrito bastante, recordemos nada más su reunión con el embajador de Israel y sus proyectos de ley a favor del reino proyanqui de Arabia Saudita. Ahora el rol que está cumpliendo su bancada es ser la pata izquierda que el régimen fujimorista necesita para posar de democrático. Así dicen estar “luchando” desde el parlamento burgués votando en abstención o en contra de sus leyes, pero en esencia están reconociendo la legitimidad de su poder político, que solo sirve para someternos aún más a los EE. UU. y a la gran burguesía esclavista del Perú.

Las masas de obreros y campesinos pobres no pueden, entonces, esperar nada de estos congresistas antimarxistas, así levanten la voz o se declaren demagógicamente “socialistas”. La verdadera lucha está en las calles, en las fábricas, en los campos, allí es donde las masas explotadas van a forjar su verdadero poder, echando por tierra todas las instituciones podridas de la narcoburguesía que domina actualmente el país. No habrá pues, fin de la pobreza, la extorsión, el sicariato, el abuso y la corrupción, sin poner fin al capitalismo y su Estado policiaco. Es más, ni siquiera puede haber una Asamblea Constituyente verdaderamente democrática, sobre estas bases. Solo bajo un gobierno obrero y campesino se podrán conquistar esta y otras demandas democráticas elementales.

Es así como las masas explotadas no tienen otra salida que luchar de forma independiente de toda fracción burguesa, desde sus sindicatos, pero también poniendo en pie nuevos organismos de lucha como los comités de huelga, de fábrica, de lucha, las Zonas, etc. que abarquen a todos los explotados y que bajo la dirección del proletariado fabril apunten hacia la expropiación directa de la burguesía y las transnacionales.

Es, entonces, en la acción directa de las masas y no en el palabreo parlamentario donde las masas podrán conquistar un futuro mejor. Solo con su revolución permanente hacia el socialismo mundial es que las masas trabajadoras podrán alcanzar su verdadera liberación nacional y social.

¡Hay que luchar como en Francia, España y Paraguay!

¡Por un partido obrero revolucionario en el Perú!

¡Por la refundación de la Cuarta Internacional!

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