¡Fuera la dirigencia estalinista de la CGTP!
La dirigencia de la CGTP acaba de dar un apoyo descarado a Javier González-Olaechea, excanciller de Dina, como candidato a la dirección de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), designación hecha por el gobierno de Keiko Fujimori con el respaldo entusiasta de la CONFIEP. Así, la podrida dirigencia estalinista de la más grande central sindical del país, muestra nuevamente su sumisión total a nuestros peores enemigos de clase.
Y es que no es la primera vez que la dirigencia de la CGTP traiciona así los intereses de sus bases, vendiéndose descaradamente a la patronal. En los 90 llamaron a votar por el mismo Fujimori como supuesto “mal menor” frente a Vargas Llosa. Luego, cuando se impuso el golpe del 92, su dirigente Pedro Huilca llamó a formar un frente político con la mafia aprista para supuestamente “luchar contra la dictadura”. Y así se la pasaron elección tras elección, apoyando algún partido patronal con máscara democrática (Toledo, Humala, Arana, Mendoza, etc.).
Así, en los últimos años hicieron campaña por Pedro Castillo, que no le dio nada ni al campesino ni al obrero, y solo se dedicó a autorizar el ingreso de tropas yanquis al Perú, siendo removido por la otra facción política al servicio del capital. Frente a Dina Boluarte también agacharon la cabeza pidiéndole “diálogo”, para luego hacer campaña por Roberto Sánchez, que como congresista votó a favor del ingreso de las tropas yanquis, y como ministro de Castillo se reunió con el embajador de Israel para favorecer a la patronal agroexportadora.
Es evidente, entonces, que no se puede seguir tolerando más al estalinismo en la dirección de los sindicatos, no se puede seguir violando así la más elemental independencia política de clase. Se debe convocar ya a un congreso nacional de emergencia con delegados revocables por las bases, para expulsar al estalinismo de la CGPT y votar un plan de lucha por la conquista de todas nuestras demandas, por la caída de la dictadura fujimorista, y por el fin de esta esclavitud asalariada.
En esta lucha la clase obrera no está sola. Sus verdaderos aliados son los millones de campesinos, artesanos, comerciantes, estudiantes y soldados pobres que sufren también las consecuencias del capitalismo semicolonial. Así, el proletariado debe convertirse en caudillo de la nación oprimida, poniendo en pie nuevos organismos de lucha (comités, zonas, soviets), desarrollando su revolución permanente socialista a nivel nacional e internacional.
Contra esta perspectiva no están solo los estalinistas en todas sus variantes sino también supuestos antiestalinistas que reproducen su reformismo en lo esencial (falsos trotskistas, anarquistas, etc.). Se hace necesario, entonces, combatir a todas estas desviaciones poniendo en pie un verdadero partido obrero revolucionario e internacional, y conquistando la refundación de la Cuarta Internacional, cuyo programa de 1938 sigue vigente en lo esencial.