La hipocresía del alto al fuego en Palestina
Un asunto bastante cínico al que nos tiene acostumbrados el capitalismo se refiere a la posibilidad de una paz engendrada por la razón. Una paz declarada hoy por el imperialismo en Palestina, en un alto al fuego que el sionismo emplea para cosechar las ganancias del genocidio mientras sigue asesinando a niños palestinos. Un alto al fuego para trazar las nuevas demarcaciones fronterizas con más del 50 % de terreno arrebatado a los palestinos en la Franja de Gaza, mientras en Cisjordania los colonos establecen sus nuevos asentamientos sobre las viviendas palestinas destruidas y se lanza ataques sobre El Líbano.
Aquí termina el discurso del “alto al fuego” en Palestina, aquí se acaba la letra y comienza la hipocresía. Considerar a estas alturas que el Estado yanqui sionista de Israel depondrá las armas para dar paso a una paz, solo refuerza la ilusión de que no es necesario acabar con esa colonia de ocupación yanqui. Mientras la prensa celebra el alto al fuego (algunas de forma agridulce), los palestinos sin hogar viven la desesperación cotidiana de no existir en su territorio, de intentar comprobar si su vivienda sigue en pie y morir en ese intento.
Lo que parece no haber sido entendido es que el exterminio del pueblo palestino no es el resultado de un comportamiento agresivo de un Netanyahu o un Trump, sino que se trata de la necesidad del imperialismo norteamericano de redoblar sus cadenas de dominio en Medio Oriente. Se trata de la necesidad que tiene el capitalismo en su fase de putrefacción de expoliar a los explotados del planeta. Por esa razón, no tiene sentido alguno, como sostenían algunos reformistas del pasado, que el imperialismo puede sostenerse sin una política colonial tan agresiva, sin recurrir a guerras y masacres constantes. Confiar a la burguesía una paz entre las naciones luego de dos carnicerías mundiales es una vil infamia.
Ni los países que integran la ONU con sus cientos de resoluciones, ni la burguesía con sus campañas de boicot y desinversión, ni los gobiernos con sus denuncias y rupturas diplomáticas pudieron hacer absolutamente nada contra la base sionista de EEUU. Por el contrario, continuaron con la venta de armas (Alemania, Italia y España), materias primas (como la Colombia de Petro que le vende carbón) y manteniendo los tratados comerciales (el México que gobierna Sheinbaum).
Por esa razón, resultaba absolutamente limitada e insuficiente la ayuda humanitaria que pudiera llegar a través de la Flotilla Global Sumud, que luego fuera interceptada y secuestrada por Israel. ¿Qué se pretendía con esta “iniciativa histórica”? ¿Demostrar que Israel no respeta la Convención de Ginebra? ¿Mostrarle al mundo que se estaba cometiendo una injusticia contra el pueblo palestino? Un sinfín de buenas intenciones bajo el resguardo de las potencias italiana y española. El resultado era esperable: la ayuda nunca llegó. Y es que sin enfrentar militarmente al ejército sionista será imposible parar el genocidio.
Pretender desenmascarar a Israel como un Estado genocida, confiando en el resguardo de las potencias que arman al que perpetra el genocidio, parece más a una ingenuidad o un artificio en busca de likes. Por supuesto que esto no significa dejar de denunciar las atrocidades que comete la colonia de ocupación, encarcelando dirigentes de partidos obreros que iban a bordo de la flotilla, así como, es necesario desenmascarar las intenciones e ilusiones pequeñoburguesas con la que se trata de enfrentar a Israel.
Solo la destrucción completa del Estado yanqui sionista de Israel como parte inicial de la derrota de Estados Unidos podrá terminar definitivamente con el martirio palestino y el de las naciones explotados del mundo. A estas elementales tareas ya ha renunciado la burguesía de Hamas y Al Fatah contrarias a una nueva Intifada.
Actualmente se está discutiendo en Tel Aviv la promulgación de una ley para condenar a muerte a presos palestinos en Israel, mientras la hipocresía de la diplomacia burguesa retrocede en sus intentos de sancionar a Israel debido al alto al fuego. Mientras continúa esta farsa de alto al fuego que ha prometido el imperio yanqui a su pueblo colonizado, vemos una intensificación de la política colonial en otras partes del mundo como en América Latina.
Las tareas de la liberación de la Palestina ocupada serán resueltas de mano de la clase obrera internacional, abriendo frentes de batalla en cada país contra el imperialismo estadounidense, y las burguesías de sus propios países. Para que esta batalla no sea desviada por las direcciones traidoras del proletariado es necesario refundar la Cuarta Internacional para combinar la lucha democrática con la lucha por el socialismo internacional.