Ante la prohibición en una Universidad de la India del uso del hiyab, en marzo de 2022, la musulmana Simeen Ansar, defendiendo su uso decía que “el hiyab se está convirtiendo en un símbolo subversivo de ´ganancias políticas´. Crecí con niñas hindúes que cubrían sus piernas debajo de las faldas de la escuela, un hecho que en ese momento no me parecía diferente a ver a niños sijs con turbantes … pero, cuando se trata del hiyab, las mujeres musulmanas se reducen a binarios. Soy tradicional y oprimida si uso uno, moderna y liberada si no lo uso”[1].

Sin embargo, en Irán, el segundo país más poblado de medio oriente, cientos de mujeres se congregaron en las calles para quemar su hiyab, acto que realizan mientras cantan y bailan alrededor de fuego… se puede observar a las protestantes que no dejan de celebrar cada vez que se quema un velo[2]. La muerte de la joven Mahsa Amini, de 22 años –en custodia de la “policía de la moral” por supuestamente llevar mal el velo, a mediados de setiembre– ha desatado esta ola de fuertes protestas. La prensa informa que en Teherán y otras localidades del país se produjeron “violentos enfrentamientos” entre manifestantes y policía[3], como suelen reportar la represión a las protestas. Centenares de jóvenes de ambos sexos en universidades y el céntrico bulevar de Keshavarz de Teherán gritan “justicia, libertad, no al hiyab obligatorio”.

En ese y otros lugares del país también se escucharon cánticos de “muerte al dictador”, en referencia al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, a cuyo régimen se le responsabiliza de una cifra ya de 185 fallecidos, entre ellos 19 niños, por la represión de las últimas protestas, según la ONG Iran Human Rights, en una denuncia que incluye el asesinato de la manifestante de 16 años Sarina Esmailzadeh por una paliza de las fuerzas de seguridad, el 22 de septiembre. También pide a la comunidad internacional que investigue la muerte de otra manifestante, Nika Shakarami, de 17 años, tras rechazar la versión oficial de que se había caído de un edificio durante las protestas[4].

Pero, ¿qué es el hiyab y qué representa?

En la cultura islámica existen prendas llevadas únicamente por las mujeres: El burka, una vestimenta muy usada en Afganistán y zonas limítrofes de Pakistán que cubre el cuerpo entero y que se acompaña de guantes para las manos y que cubre los ojos con una rejilla. El niqab al igual que el burka cubre todo el cuerpo y manos y pies, pero los ojos quedan descubiertos por una ranura que apenas es de un centímetro. El chador, típico de Irán, cubre todo el cuerpo menos el rostro. La cara queda al descubierto. El hiyab es el típico velo de identidad cultural islámica que cubre cabeza y pecho. Puede ser llevado por mujeres vestidas con falda corta o vaqueros ajustados, o vestidas con chilabas, túnicas o vestidos recatados.

En la página de la revista “Sin permiso”, se afirma que el Corán en ninguna parte habla de burkas, niqabs o chadors. El hiyab tal vez sí sea una vestimenta que pueda deducirse de su lectura, según la interpretación que los ulemas (los estudiosos eruditos del islam –siempre hombres–) han realizado.

También se afirma que esas vestimentas tienen origen preislámicas y eran (y son) usadas tanto por hombres como por mujeres en el desierto para protegerse de las tormentas de arena o para proteger a las mujeres jóvenes de secuestros. Cuando una tribu era asaltada, se solía secuestrar a las mujeres en edad de procrear, las mayores y las niñas no eran de interés. Ante ello, la solución fue esconder a las mujeres tras estas vestimentas que impedían saber si bajo las mismas había jóvenes bellas púberes o ancianas.

El burka recobra protagonismo en Afganistán a principios del siglo XX. En 1901 asume el poder Habibullah Khan, al suceder a su padre, y decidió recuperar el burka para las mujeres de su harén. En los 70 el burka ya se había extendido como vestimenta habitual en todos los sectores sociales afganos de etnia pastún. Pero el último rey Zahir, en un intento de ser más popular, en 1959 concedió el derecho de no llevar velo.

Con la llegada de los talibanes al poder en 1996 a Afganistán (apoyados por Washington y sus aliados), impusieron a las mujeres de cualquier etnia afgana el uso del burka, que llevaba aparejada su exclusión social. Las mujeres afganas habían logrado su mayor cuota de emancipación bajo el régimen apoyado por la URSS estalinista y representaban el 60% del profesorado universitario. Las mujeres eran el 40% del alumnado. Centenares de miles de mujeres eran funcionarias, médicas, ingenieras, arquitectas, abogadas, juezas, fiscales. Solo en Kabul 7800 maestras fueron encerradas bajo un burka y obligadas a dejar de enseñar, y de aprender, y 63 escuelas fueron cerradas[5].

Si bien el hiyab no es el burka (que pesa unos 7 kilos, impide la visión lateral, la visibilidad no va más allá de 1 metro de distancia, produce enfermedades al evitar los beneficios del sol), la imposición de su uso en Irán se debió también al cambio de régimen político.

En los países islámicos ya se había promovido el desvelamiento. Desde fines del siglo XIX empiezan a cuestionarse el uso del hiyab en algunos países islámicos. Oriente Medio, Turquía, Irán, Arabia Saudita buscaban de Europa, su tecnología y sus valores culturales, incluida la vestimenta. En Egipto, 1899 el escritor Qasim Amin publica el libro, Tahrīr al-mar’a’ (la liberación de la mujer), proclamando que el hiyab es consecuencia y símbolo de su aislamiento y promueve el desvelamiento. La egipcia Huda Sha’arawi, considerada madre del feminismo árabe, en 1923 se descubre la cabeza ante una multitud de mujeres reunida en la estación de El Cairo. A partir de ahí, mujeres desveladas se manifestarán por las calles de la capital egipcia reclamando su lugar en la vida pública. Años antes, acaecida la Revolución de Octubre, las musulmanas en Rusia rechazaron el velo y se mezclaron con la masa revolucionaria, como nos señala Kollontai en 1922[6]. En Turquía y en Irán, es el mismo Estado el que impone por decreto el desvelamiento en las primeras décadas del siglo XX. El sha de Irán estaba convencido de que la modernidad pasaba necesariamente por el calco mimético de las costumbres occidentales.

El sha de Irán, Reza Pahleví, fue derrocado por la llamada Revolución Islámica o Revolución obrera y campesina de 1979, instaurándose la república islámica, bajo el mando del ayatolá Jomeini, quien tuvo apoyo de varias organizaciones de izquierda reformista e islámicas más los movimientos estudiantiles iraníes mientras estaba en el exilio. La nueva autoridad impuso un código de vestimenta obligatorio que exige que todas las mujeres usen el llamado hiyab islámico y ropa holgada que disimule su figura en público. La “policía de la moral” tiene el poder de detener a las mujeres y valorar si están enseñando demasiado cabello, si sus pantalones y abrigos son demasiado cortos o ajustados, o si usan maquillaje en exceso. El artículo 638 del  Código Penal Islámico de Irán  especifica penas para las mujeres que sean sorprendidas sin usar el hiyab obligatorio por el gobierno en público: “Las mujeres que aparezcan en lugares públicos y caminos sin usar el hiyab islámico serán sentenciadas a entre diez días y dos meses de prisión o una multa de 50 mil a quinientos riales” (el monto se va ajustando, de acuerdo a lo que dicta la inflación).

La monarquía autoritaria representante directa del poder estadounidense fue reemplazada por una teocracia republicana, burguesa nacionalista e igualmente autoritaria. Sin embargo, no dudaron en relegar su antioccidentalismo con tal de buscar y lograr un acuerdo nuclear con Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia, además Alemania (1970), donde renuncia a continuar con sus planes de construir su propia bomba atómica a cambio del fin de las sanciones contra Irán (Estados Unidos embargó su petróleo).

Se ha dicho que el acuerdo tuvo otra consecuencia: occidente normalizó las relaciones con un país que niega los derechos más básicos a mujeres y homosexuales. Sin embargo, habría que establecer si antes acaso mantenían relaciones peligrosas. El historiador David Motadel, en ‘Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi’ (Alianza), nos señala que “Fue entre 1941 y 1942 cuando Berlín comenzó a promover una alianza con el mundo musulmán contra sus supuestos enemigos comunes, en particular contra el Imperio Británico, la Unión Soviética y los judíos. En las zonas musulmanas en guerra … los alemanes se presentaron como amigos de los musulmanes y defensores de su fe”. El mismísimo Führer, elogiaba la fe de Mahoma como “una religión de hombres”[7].

 El nuevo régimen islámico se ha mostrado incapaz de ofrecer a los iraníes unas mínimas perspectivas de prosperidad, lo que ha motivado protestas por parte del pueblo iraní, acrecentándose desde el año 2009.

Precisamente, en una protesta contra el régimen el 27 de diciembre de 2017, la joven Movahedi se paró en una caja de servicios públicos, se quitó el hiyab y lo agitó con un palo en un acto de desobediencia civil. Fue arrestada y después liberada. Pero las fotos y el video de su acción se volvieron virales y llegó a ser conocida como el ícono de un grupo de mujeres que repitió su acción de protesta. Movahedi repitió su accionar en octubre de 2018. Fue arrestada, llevada a la prisión y sentenciada  a un año de prisión por el cargo de “animar a la gente a la corrupción y la prostitución”[8].

Ahora, las protestas tras la muerte de Mahsa Amini continuán con cada vez menos miedo, pese a la cruel represión. El movimiento tiene en las calles a miles de hombres y mujeres que reclaman un cambio radical del gobierno dictatorial, no sólo contra el velo, sino por la puesta en pie de todos los derechos de las mujeres y de los oprimidos[9], puesto que la ‘Revolución del velo’ se ha convertido en el símbolo contra el régimen en el que el líder supremo, Ali Jamenei, concentra todo el poder como cabeza de la clase dirigente burguesa clerical islámica. La decisión política del presidente, Ebrahim Raisi, ha sido asignar fondos adicionales para que se cumpla la ley obligatoria del hiyab en el país a través de la Policía de la Moral. Además, ha alentado a los iraníes a tomarse la justicia por su mano y enfrentar a aquellas personas que desafían las estrictas reglas sobre el uso del velo en público[10].

Las opiniones de los clérigos iraníes están divididas. Mientras que algunos defienden la libertad de las mujeres para no utilizar el hiyab, otros las condenan por no usarlo. Este mismo “dilema” se vive en el ámbito de las feministas occidentales. En los últimos años ha surgido entre las musulmanas un movimiento de defensa del uso libre del ‘hiyab’ (frente a la prohibición legal de los “progresistas” países de Francia o Países Bajos). Organizaciones como Protect Hijab en el Reino Unido o grupos en Facebook defienden la libertad de la mujer para llevar esta prenda y rechazan la legitimidad de los gobiernos europeos para prohibirla.

Asma Lamrabet[11] nos dice que las mujeres musulmanas tienen el derecho de hacer una crítica constructiva de sus propias tradiciones misóginas, pero sin dejar de ser lo que son. Tampoco quieren avalar los mitos occidentales de la emancipación de la mujer. En eso le damos toda la razón. Ya en 2016, la feminista Pilar Aguilar Carrasco, refiriéndose a la vestimenta de una modelo-actriz en Cannes (que dejaba bastante piel a la vista), sostenía: “Lo que lleva puesto es el burka occidental”[12]. Proseguía diciendo que a nosotras no nos encarcelan, ni nos lapidan. Pero, en cierta manera, las mujeres occidentales vivimos también con un burka encima: el que nos presiona hasta convencernos de que más delgadas, jóvenes y sensuales estamos mejor. El capitalismo occidental nos ha cosificado haciéndonos creer que somos libres y si bien el feminicidio está penado, nos siguen matando igual. Sin contar el retroceso a los derechos ganados (en Estados Unidos se ha derogado el aborto como derecho[13], quedando como una decisión política) y la vuelta de ideologías abiertamente patriarcales, como se evidencia en Italia, donde un partido de ultraderecha ha ganado las elecciones, con Giorgia Meloni a la cabeza, quien se convertirá en la primer presidenta mujer en dicho país, ni más ni menos. No, no somos ejemplo a seguir.

El debate sobre hiyab expresa el corazón del conflicto entre dos visiones antinómicas: para unos representa la opresión patriarcal mientras que para los otros es el símbolo último de la identidad islámica. Reclamamos entonces la libertad para elegir, empezando (o terminando) por nuestra vestimenta, tanto en oriente como en occidente, pero ¿qué nos garantiza que tengamos esa libertad, cuando terminamos siempre eligiendo lo que la sociedad nos ha enseñado?

La sociedad divida en clases sociales ha demostrado ser bastante creativa para generar su sistema de opresión a la mujer, base sin la cual no podría existir. Las mujeres de la clase trabajadora necesitamos un sistema que garantice una verdadera libertad cultural, religiosa y libertad de vestimenta. Sin educación, sin un pan para nuestros hijos, sin agua, no tenemos la más mínima posibilidad de ejercer nuestro elemental derecho a formarnos nuestra propia opinión.

El innegable avance en el ámbito educativo y de participación en el mundo público por parte de la mujer en los países socialistas nos muestran el derrotero. Anhelamos y celebramos ver a las mujeres orientales desembarazarse del velo y reclamar sus derechos a la educación y a la igualdad en la familia, como lo hicieron después de la Revolución de Octubre (la población musulmana en Rusia era de aproximadamente 16 millones), participando por primera vez en los Congresos de los Pueblos y de las Secciones Femeninas, con la convicción que la educación en este nuevo régimen sea el instrumento de liberación más seguro.

El nuevo sistema a construir pasa por poner en pie la revolución iraní, con la participación y dirigencia de sus obreras y campesinas, para hacer resurgir la revolución árabe, que debe llegar a Europa imperialista a través de las mujeres migrantes oprimidas en toda Europa.

Las protestas en Irán deben tener el respaldo de las mujeres trabajadoras del mundo, con liderazgos que nos conduzcan a una real emancipación, que solo podrá ser en la construcción de una sociedad sin clases sociales. La violenta y sangrienta represión de las protestas debe tener una respuesta contundente. No necesitamos que en occidente las mujeres se corten el cabello en las redes sociales, queremos hombres y mujeres que acompañen a gritar en Irán “Mujeres, vida, libertad”. Necesitamos derrocar a todo régimen autoritario burgués, necesitamos ir hasta el final.

Notas

[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60496790

[2] https://larepublica.pe/videos/mundo/2022/09/20/cientos-de-mujeres-iranies-cantan-y-bailan-mientras-queman-su-hijab-en-plena-via-publica-video-iran/

[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62968895

[4] https://caretas.pe/mundo/ong-eleva-a-185-los-muertos-en-las-protestas-en-iran-y-denuncian-el-asesinato-extrajudicial-de-una-adolescente/

[5][5] https://www.sinpermiso.info/textos/burkas-y-burkinis-el-dulce-triunfo-del-patriarcado-islamico

[6] https://www.marxists.org/espanol/kollontai/1921/1921-03-00-ultimaesclava-kollontai.pdf

[7] https://www.elconfidencial.com/cultura/2021-02-15/musulmanes-alemania-nazi-guerra-mundial_2946375/

[8] https://iranhumanrights-org.translate.goog/2019/05/icon-of-irans-hijab-protest-movement-vida-movahedi-released-from-prison/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc

[9] Según Shahab Naderi, miembro de la Comisión Económica del Parlamento iraní, el 80% de la población de Irán vive por debajo del umbral de la pobreza. https://atalayar.com/content/quiebra-econ%C3%B3mica-y-pobreza-extrema-de-los-iran%C3%ADes-los-logros-de-la-dictadura-religiosa-de

[10] https://www.elconfidencial.com/mundo/2022-10-01/revolucion-velos-iran-hiyab-mas-ley_3498618/

[11] http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-24892014000200002

[12] https://es-us.noticias.yahoo.com/el-burka-occidental-113512091.html

[13] https://elpais.com/sociedad/2022-06-24/el-tribunal-supremo-deroga-el-derecho-al-aborto-en-estados-unidos.html

[14] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/rt/07.htm

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